El teatro en otros géneros

Nuevo libro maquetado y recién salido de la imprenta: El teatro en otros géneros y otros géneros en el teatro (Ed. Carmen González-Vázquez), publicado en Libros Pórtico.

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Poesía y tipografía

Las normas de la tipografía no vienen del cielo sino de siglos de lectura y libros. Dejando de lado ciertos preceptos y caprichos regionales (que también, y por qué no, es agradable seguir), muchas de ellas tienen un gran sentido práctico y están destinadas a facilitar la lectura y no a torturar al lector. Por ejemplo, la composición en verso lleva sus propias normas. No tanto la composición de poesía, pues verso y prosa son, más que nada, convenciones de escritura y quien manda en la poesía es el oído. Esas normas, naturalmente, sólo las puede quebrantar el poeta, y por eso es necesario dialogar con él. Pero si el autor no dice nada entonces la tipografía actúa de oficio, prescribiendo que el sangrado izquierdo del poema debe ser el mismo que el del verso más largo centrado. Esto hace que los poemas tiendan hacia el centro de la página, y deja en el lector una grata sensación de equilibrio. Ver publicaciones de poesía donde todos los versos en todas las páginas queden a un margen fijo, y a no ser que el poema ocupe un libro entero como la Odisea, me parece simplemente espantoso.

Con programas de tipo DTP (Indesign, Quark, Scribus, etc), una forma de conseguir ese óptimo tratamiento de los versos es, por ejemplo, tirando de la herramienta de tabulación. Un poco cansado pero, bueno, no imposible. Yo prefiero picar código y usar TeX, que es mucho más preciso y versátil.

Dentro del mundo TeX una orden muy básica (usando el macropaquete «verse» para LaTeX), podría ser \settowidth, que admite dos argumentos: el primero (\versewidth), sería la anchura máxima del poema que queremos declarar. El segundo, el propio verso más largo del poema. Luego podríamos complicar la cosa todo lo que quisiésemos, por supuesto. Finalmente, nos quedaría encerrar todo el poema en un entorno “verse”, para decirle a TeX, cuando compile, que le entregamos versos y que los trate como tales. Y TeX, tan refinado él, así lo hará.

Baste un ejemplillo antiguo, que he rescatado de un disco duro, del código fuente que realicé para el excelente libro de Juan Andrés García Román Poemas a la noche y otra poesía póstuma y dispersa (Rilke), publicado en 2008 en DVD Ediciones. Éste sería el código fuente de un poema del libro (basta un copia/pega). Y, en la imagen, la página que devolvió TeX tras la compilación.

 

\poemtitle{PARA NIKÉ}

\settowidth{\versewidth}{cada gota en la gruta, temblando con brazos}

\begin{verse}[\versewidth]

Todas las voces de los arroyuelos, \\
cada gota en la gruta, temblando con brazos \\
de debilidad llenos,\\
las restituyo al dios

y festejamos el ciclo.

Cada giro en el viento\\
fue llamada o temor para mí;\\
cada descubrimiento en lo profundo \\
me hizo otra vez un niño---,

y yo sentí: lo sé.

Oh, lo sé, yo he sentido \\
el ser y la mudanza de los nombres;\\
en lo interno de un fruto ya maduro\\
reposa la semilla originaria,

pero multiplicada al infinito.

Porque lo rige un vínculo divino,\\
se eleva la palabra hasta la evocación,\\
pero en lugar de desaparecer, \\
se alza en el ardor del cumplimiento,
sin daño, mientras canta.\\

\end{verse}

\pieverso{Muzot, diciembre de 1923}

 

Rilke_ejemplo

1700 notas en formato párrafo

La tipografía (tengo por máxima) siempre debe intentar complacer a los autores: pedid y se os dará. Sin ir más lejos, hace poco la autora de un libro que estoy maquetando me preguntó si no sería muy descabellado que todas las notas al pie fueran en un formato párrafo, es decir, las notas seguidas una tras otra, a la manera de los aparatos críticos. Tratándose de unas 1700 notas, un usuario de InDesign habría contestado que ni en sueños, pues el programa de Adobe no puede gestionar las notas con este formato, a no ser a mano y a ojímetro. Y esto no es demérito ni de InDesign ni de sus usuarios. Recordemos que el sistema de trabajo —básicamente visual— de este tipo de programas, que se remonta al viejo PageMaker, tenía como fin, más que los libros, los periódicos y revistas ilustradas, cuya confección se hacía bastante engorrosa con los antiguos medios de fotocomposición. InDesign hace perfectamente aquello para lo que fue pensado: maquetar, es decir (y hablando en sentido estricto), disponer los elementos en la página de acuerdo a un diagrama previo (maqueta). Y esto en un periódico, una revista, un simple cartel publicitario incluso, es la batalla principal. Pero InDesign y los programas por el estilo, precisamente por ese carácter visual, resultan bastante limitados y torpes para vérselas con los muchos y complejos procesos tipográficos que se dan en las páginas, párrafos y renglones de un libro. Y a veces el combate es cuerpo a cuerpo: entre palabras y entre letras. La buena noticia es que todo ese saber y destreza de los viejos cajistas no ha muerto. En el mundo digital y en el software libre (insisto) está más vivo que nunca con el sistema TeX y todo su apasionante universo: un refinadísimo cajista binario a la par que un lenguaje de programación de una versatilidad pasmosa. El libro se programa como un software, y se controla hasta el más mínimo de los detalles. Trabajando con TeX la pregunta nunca será si se puede hacer tal o cual cosa, sino cómo se puede hacer. A menudo la solución suele ser más de una o alguien ya la pensó antes y la tiene publicada, para compartirla, en forma de macropaquete. De modo que, para complacer la petición de la autora de las 1700 notas, decidí tomar como modelo esta disposición que aparece en uno de aquellos cuadernillos (ΑΘΗΝΑ) de griego de Berenguer, con cada nota separada por un guión.

berenguer

Meditada y establecida la estrategia, le damos a TeX todas las órdenes pertinentes y, es más, añadimos esta declaración: 0.5em plus.5em minus.1em, que es un espacio elástico entre el separador (la raya) y la nota anterior y posterior: medio cuadratín de base, con un margen máximo de otro medio cuadratín y un margen mínimo de -0.1 cuadratín. Y así, mi amiga ya tiene sus deseadas notas en estilo párrafo.

ejemplo_notas_parrafo

Por qué TeX

tex-leonDonald Knuth fue profesor de matemáticas y computación en la Universidad de Stanford y en la actualidad es catedrático emérito. No usa email, es aficionado a tocar el órgano de iglesia y está considerado como uno de los padres fundadores de la informática moderna, e incluso de internet. En 1977 creó TeX, el más refinado y perfecto sistema de composición tipográfica digital que existe, un hito en el humanismo. Desde esa fecha hasta hoy TeX no ha dejado de evolucionar, gracias a su condición de software de código abierto, hasta llegar a sus últimas versiones avanzadas, conocidas como XeTeX y LuaTeX. Con una vastísima comunidad detrás, alimentado por instituciones, desarrolladores particulares, téoricos de la tipografía y universidades, TeX es más que un simple software: es una disciplina, un aprendizaje inagotable y una pasión; en mi caso, una pasión casi a la altura de la poesía o del griego. Está a años luz de los programas típicos de maquetación, del estilo Quark Xpress o InDesign. Éste último, por cierto, ha «tomado prestado» el algoritmo Plass-Knuth de TeX para la composición de párrafo, y es algo que los usuarios de InDesign, a la hora de pagar el dineral que cuesta su licencia, deberían tener en cuenta. Pero eso es otro cantar. En cualquier caso, los programas de maquetación están más enfocados precisamente a eso, a la maquetación, la diagramación de páginas, un proceso muy complejo en revistas ilustradas y periódicos, donde este tipo de software facilita mucho la tarea gracias a su interfaz visual. Pero para la confección de libros no son rivales de TeX. Éste consiste (y ahí radica su potencia) en un lenguaje de programación extremadamente dúctil y modelable, gracias al cual puede producir todo tipo de libros, desde los más simples a los más complejos. Y siempre con una pulcritud exquisita y una esmerada atención hacia las distintas tradiciones tipográficas y los sistemas de escritura de toda época y lugar. TeX vendría a ser como un cajista binario, dotado de una serie de rutinas básicas (las órdenes «primitivas», abstracción de la destreza del cajista), pero que se puede programar casi hasta el infinito.

El nombre del programa, y la curiosa forma de escribirlo, tiene su explicación. Es la abreviatura, escrita en texto plano y caracteres ASCII, de la palabra griega τέχνη, que significa tanto «arte» como «técnica» o «habilidad». Ya lo explicó Donald Knuth en una ocasión: «ciencia es lo que comprendemos como para explicárselo a una computadora. El arte es todo lo demás que hacemos».

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